La misma estrategia del mismo engaño

jose lafaurie

Por: José Félix Lafaurie Rivera  –  @jflafaurie

La Estrategia del Engaño fue, a mediados de los sesenta, un libro de referencia de Jeane J. Kirkpatrick, quien luego fuera embajadora ante la ONU del gobierno Reagan y una de las grandes estudiosas de la expansión del comunismo internacional durante la Guerra Fría. La estrategia del engaño ha sido la utilizada por las Farc frente a los gobiernos que han querido negociar con ellas, y es la misma de la que echa mano el grupo narcoterrorista del ELN.

Los elenos se sientan a negociar y la exageración de la foto de El Tiempo lo dice todo: había que mostrar como muy grande algo que no lo es. Mientras en las toldas de De la Calle en La Habana, reina el pesimismo, el Gobierno le apuesta con Pearl a una negociación que mantenga el fervor por la paz. Un proceso y dos negociaciones con las armas bajo de la mesa. Dos interlocutores antagónicos en sus fundamentos, aunque se presten los brazaletes: una organización armada -que no militar- sucia hasta el tuétano de narcotráfico, minería ilegal y otros delitos; y otra, también narcotraficante, pero más una cofradía fundamentalista, menos organizada y con mayor propensión al terrorismo. Es como lidiar los dos toros de la corrida en una misma faena para congraciarse con las graderías. Imposible salir ileso.

La cosa empieza mal. La verdad que, a juzgar por las declaraciones públicas, ni siquiera podría empezar. Antonio García reclamó, sin reato alguno, que la devolución de los secuestrados no se puede imponer como condición y que, en su momento, como parte de la negociación, se hablará del número de secuestrados. ¿Eso acordaría en secreto con Pearl? ¿Es parte del engaño? El presidente, por el contrario, fue enfático en que “No habrá negociaciones con el ELN hasta que no liberen a todos los secuestrados”. ¿Cómo empezar? ¿Quién va a ceder?

Los elenos saben cómo presionar. Es parte de su estrategia y, de hecho, ya lo hicieron para “ambientar” las negociaciones que hoy se pregonan de paz con desaforado optimismo. En lo que va corrido del año, ¡apenas noventa días!, realizaron ¡273 ataques!, un promedio de tres diarios. Y eso que, a raíz del asesinato por la espalda de los auxiliares de policía Ledesma y Camargo a mediados de febrero en Nariño -el país los olvido al día siguiente pero sus familias aún los lloran-, los comandantes del Ejército y la Policía aseguraron que habían frustrado más del ¡95%! de las acciones planeadas por el ELN durante el paro armado en celebración de la muerte de Camilo Torres. ¡Bonita manera de celebrar! Querían acabar con el país antes de sentarse a negociar LA PAZ.

En octubre de 2015 asesinaron a 11 militares y a un policía en Boyacá -a ellos también solo sus familias los lloran-, y con la desfachatez fariana que conocemos de sobra, lo justificaron “tirándole a las escopetas”, achacando semejante masacre “al alto nivel de militarización y represión en todo el país que afecta de manera grave los territorios donde operamos”. Valga aclarar que, para ellos, “operar” es secuestrar ciudadanos, extorsionar ganaderos y empresas petroleras, volar torres y oleoductos, y controlar el narcotráfico en sus “territorios”.

Pero ahí están, como sus compadres, convertidos por el poder extorsivo de sus armas en alta parte negociadora, bajo el sofisma -embeleco mejor- de que uno negocia es con los enemigos; beneficiarios de la impunidad de la Jurisdicción para la Paz y con su Zona de Reserva en el Catatumbo legitimada para el narcotráfico. Ahí están, comprando paz con balas y sufrimiento anónimo. Un engaño conocido.

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